viernes, 29 de junio de 2012
Un poco del típico amor
En este juego está prohibido pensar en esas palabras,
sólo hay que tragárselas sin dejar que suban ni bajen por ningún rincón.
…Aún así, un te extraño de tu boca no se vería mal.
Para nada, de hecho sería como el despertar de un recién nacido. O aunque sea, sólo una milésima de fracción de película en rodaje en tu cerebro. Así como yo lo capture en fotografías que se pintan con negro. O así como muchas veces espere sentado mirando por el ventanal de respuestas.
Mirando como cada una de ellas se desvanecía en la arena, un granito encima de otro, una palabra encima de otra. Y ese nudo, si ese maldito nudo en la garganta que no me dejaba respirar cuando me tragaba las palabras para evitar el paso lento de la verdad, o simplemente el paso lento de cómo el hilo se iba acortando.
Así hasta la más mínima hilacha.
Lenta, ¡muy lenta!
Desesperante.
Si así, mismo.
Yo espero que sientas, que tus sentimientos tomen color y dejen esa blancura de papel que muchas veces quemo mis labios de forma exuberante.
Y no quiero, quiero, no quiero pensar cuando se trata de ti.
No hiciste nada, simplemente… exististe, pero yo siento, como si hubieses navegado los 7 mares, como si hubieses dado vuelta el mundo más de 80 veces en tan sólo días hasta convertirte en un reloj de arena. En eso te convertiste, y ahora sinceramente, con estas palabras llenas de rememoranzas puedo decirte que puedes irte por donde viniste. Porque no quiero este tipo de juegos, ni viajes en el tiempo, sólo quiero vivir. Y tu vida a la mía, no crea otra vida, sólo una sin recuerdos en su dualidad necesaria.
Porque aunque más quiera, la única persona que se quedo en la montaña mirando las estrellas fui yo.
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