Por esta ventana azul
caen los recuerdos en bomba.
ellos fueron vomitados
¡ZUM!
en un reversa acelerado
Un pájaro desgarrado corre
y huye de ese pecho vacío
dos crias enhuevadas
que nunca conocerán el mañana.
Oh! ¡MALDITA VENTANA!
Tu marco, me envidia.
Envidia mi estúpidez.
Yo?
Envidio sus plumas: mitad cósmicas, mitad reales.
Este gusto a poco de la nada
que existe entre estos peces
de allá y aquí; la ventana.
Nos agarramos de las bolas a la nada.
Y escupimos versos autodestructivos!
Oh poetas! Envidien la ventana.
envidien a las crías que no conocen esto
ni el mañana que hoy si
Este podrido huevo.
El marco de ventana
de los ojos fugaces
quizás envidiaran.
Pero no envidien
a la señorita nada.
con su voluptuoso vacío.
El lenguaje se nos vuelve ajeno
cada día más, de lo que creemos.
No jueguen con un vacío.
No jueguen con tierra si no se van a ensuciar.
No envidien a la nada que se asoma por esta ventana.
PD: También cuenta el marco de ventana.
domingo, 28 de abril de 2013
dentro de mi
Bajo las sábanas encontré tu fantasma.
El jardín del astronauta del pasado.
Tu recuerdo en a palma
Y en las partículas que se pierden
de a poco poco... con el oxigeno
que respiro.
El jardín del astronauta del pasado.
Tu recuerdo en a palma
Y en las partículas que se pierden
de a poco poco... con el oxigeno
que respiro.
miércoles, 10 de abril de 2013
Ella estaba sentada observando las cien mil caras que pasaban como constelaciones fugaces. Ella creía que bailaba con las estrellas y los planetas, mirando desde la ventana de una nave espacial que se reducía a la simplicidad de la significación de una cosa: una vibra atrapada de él en un trozo de tela. La complejidad de la esencia impregnada en algo tan simple como un abrigo hacía comprender el poder de las sensaciones y el porque el ser humano deseaba tanto el sentir. No era una explicación de Nietzsche o de Schopenhauer lo que la tenía así. La respuesta era más simple que el lenguaje mismo, al mover sus pies cortos mezclado con el aroma de la persona que se asomaba a su nariz, como si fuese humo de cigarrillo pero el caso era al contrario: era el aroma de los recuerdos del presente.
Sentada en la plaza, hundía sus manos en los bolsillos y se lo guardaba para ella.
Sentada en la plaza, hundía sus manos en los bolsillos y se lo guardaba para ella.
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