Saltaba, sudaba. Uno dos, la cuerda giraba alrededor de su cuello.
Toda su vida.
Su vida completa en ella, en las cuerdas.
En los saltos, cuerpo destrozado, cascara de naranja que se iba una por una así como cuando levantamos las manillas del reloj una vez rotas.
Y claro, todo por un sueño. Por esas cosas, que la gente le gusta aferrarse. Se agarran desde la cima, intentando todo por la meta. Cruzarla, sentirse satisfecho, esa sensación de que estás haciendo algo bueno, como cuando le das el sentido a la vida. Para ella no era fácil tener que aceptar que estaba atrapada.
Si, atrapada. En un mundo, en donde de verdad no hay sentido, y uno tiene que arreglárselas para alcanzar de alguna forma uno. Una vida arriesgada, en donde se juega el todo por la nada. Y la nada ni si quiera alcanza un todo.
Y allí estaba la señorita, saltando, usando las cuerdas para agarrarse los músculos, esas lágrimas de sangre. De esas que recorrían cada centímetro, y también vómitos. Muchos vómitos de colores incluso desde niña cuando reemplazaban sus muñecas por cuerdas.
Y allí estaba de nuevo, saltando observando por la ventana como su vecina iba a la fiesta de graduación. Dolía profundamente, pero era el camino que había decidido llevar para tener algo diferente, sentir que hacía algo. Un sentido artístico, y de trascendencia de una mirada ajena.
Lentamente fueron cayendo las estrellas desde el cielo que se podía observar del balcón, y ella continuaba saltando. Sangrando, siempre le decían ‘el esfuerzo no tiene límites’ ni lo desbordajes, ni los más efímeros, que locura podría decirse. Ella creía en lo de fe, creía que podría alcanzar la meta con esfuerzo y sangre. Por eso todos los días su cuerpo sangraba.
Pero a ella no le importaba, le decían ‘’todo esfuerzo tiene su mérito’’ palabras necias, que cavan fondo en la mente de la sociedad. O al menos, un pseudo esfuerzo en la sociedad conformista.
¡Incluso le pidió a Dios!
Saltaba nuevamente, y dejaba que las notas de sol viajaran delicadamente por sus oídos lastimados por aullidos del silbato. Intentaba cerrar los ojos para disfrutar de la sinfonía, pero su cuerpo seguía saltando sin descanso.
Quería comer un delicioso pastel de frutilla, repleto de azúcar, incluso saltaba hacia la cocina a grandes pasos, pero el tenedor se escapaba de sus manos; explotaba de sus manos. Ellas comenzaban a deslizarse hacia atrás, y en la oscuridad continuaba saltando.
‘’mérito’’
Se mordió la lengua. Así como cuando evitas rascarte.
y continuo saltando, mientras las estrellas continuaban cayendo del cielo hasta quedarse vacío sin nada. La luna lentamente dejaba de brillar, pero ¡Qué importaba! ¡Ella continuaba saltando! ¡Continuaba esforzándose!
Ella no quería ser humana, ya no tenía nombre de persona; sólo escuchaba de las demás bocas que le decían ‘’ La saltarina’’ y así quedo. Aprendió a sonreír de mentiras mientras saltaba, y la admiraban al hacerlo.
Y todas las estrellas que cayeron al suelo, formaron la meta de llegada.
Estaba a unos pasos, en las olimpiadas. Representando a su país, todos los ojos al rededor de ella, todas esas bocas que se mecían de un lado a otro en murmullos que querían penetrar en su mente, sus vecinas que les gustaba meterse las cartas por debajo de la falda,y el niño que nunca pudo salir con ella porque no podía seguir su ritmo al saltar, y claro, también los cocineros de pasteles de frutillas que siempre quiso probar como el pecado más deseado por su estómago; estaban mirándola.
No sólo por sus manos corría la sangre, también por sus ojos.
Un hecho artístico.
Ella continuaba saltando, estaba a punto de hacerlo. Quizás después de hacer ese hecho, la saltarina podría hacer todas las cosas que se perdió evitándolas por su hecho heroico. –O al menos eso le gustaba cantar cuando se bañaba.-
Y llegó el momento, en donde de verdad tenía que saltar. Y por fin, las cuerdas cobrarían amor.
Ella sabía que era el momento más importante de su vida, por lo que seguía saltando.
Comenzó a sonar la única canción que sus oídos conocían, y su cuerpo se despolvo de esfuerzo.
Se convirtió en cenizas, y no saltó como saltaba siempre.
Su cuerpo de tanto esfuerzo se desplomo. Y con ello, sus sueños. Su tiempo, su mente.
Todo se convirtió en nada, su pie se dobló cuando estaba girando de la manera más perfecta posible. Pero hasta lo más perfecto tiene dentro de lo perfecto que tenga sus imperfecciones.
‘’Todo esfuerzo tiene su mérito’’
Ella no entendía, la gente aplaudía a pesar de que ella se había caído.
Y por fin lloró, pero ya no caían gotas de sangre. Esta vez lloro de verdad de esa pena que embarga a las personas con vida normal, por primera vez después de muchos años se sintió un humano como el resto. Y la pena, pasó a rabia.
Lo rojo ya no era rojo, sólo transparente intoxicado.
La gente continuaba aplaudiendo con ovación, porque sabían que se había esforzado tanto para nada. Un aplauso de cada uno de los receptores de un patético consuelo, todo el mundo le aplaudía con hipocresía y un tanto de demencia.
Y así la naranja se pudrió por completo.
Y la cuerda se enredo, perdiéndose en el laberinto. Quizás no tener un sentido tan ambicioso hubiese tenido otro final, desperdició toda una vida en un esfuerzo que no tenía un mérito.
En un aplauso, pequeña saltarina.
¿Eso era lo que ella quería?
Trascendencia al fallar, y un aplauso de cortesía.
Y qué no le viniesen con el cuento que no se había esforzado lo suficiente, porque hasta el cielo se cayó porque ella sólo saltaba.
lunes, 30 de julio de 2012
viernes, 27 de julio de 2012
Mirábamos las olas del mar, las dos rotas. Fragmentos de recuerdos.
Unas luciérnagas volaban cerca de nuestras narices, casi acariciándolas mientras las palabras escapaban de nuestra boca en diferentes tamaños, grandes, negra, cursiva, pequeña, susurros.
Nos acercamos en silencio como si fuésemos cómplices, mientras arrancábamos la arena de la tierra como los seres malignos que somos por naturaleza. Y cada paso era un suspiro melancólico. Ambas mirábamos hacia adentro, hacia atrás. Y escuchábamos las gaviotas desgarrarse al volar.
Pateábamos la arena, como también pateábamos la vida.
Miré en silencio su rostro, viéndolo milenario, tenaz, quebrado.
-Una isla desolada dónde estar sola- dijo
-Deberías aferrarte a algo- contesté como una basura creyendo que aquello es fácil.
-Aferrarse a algo es arriesgarse demasiado, por eso en el momento más necesario quizás lo haga. Ya sabes, como me aferre a Martin. Lo necesitaba, y él me necesitaba. - Respondió firme como quién está intentando aprobar un examen, mientras los golpes de las olas se hacían más fuertes, provocando que aquello fuese difícil captar por los oídos.
¿Qué importaba? Lo tenía claro.
-Y al final… el sólo termino aferrado a ti. Lo dejaste. –
-Nada es para siempre, sólo lo qué uno tiene que aprender a vivir, mis demonios, tus enfermedad, nuestro existencialismo, eso es lo único que no se acaba. Ni muertas-
miércoles, 25 de julio de 2012
Atrévete
Caer, palabra tan inoportuna. No, mientes. Dejarse caer, es dejarse caer. ¿No? Es golpear cada punto, sentirse como los pájaros en el aire para luego ser arrancados pluma por pluma, como cuando te tiras pelo por pelo del cabello, sintiendo ese tirón en la piel. Comezón de insecto. Desgarrador. La diferencia es que vas a estar arriba cuando te despluman, y no abajo. Mientras intentas dar el paso ante el abismo que sostiene desde la puntita, de atrás viene algo y te arrastra; el chirrido de las uñas contra la mesa son notables. Crujen, y crujen las manillas del reloj a pesar de un destellar de luces. Son tantas voces en la cabeza, y sólo es saltar. Volar. Son susurros cuando tienes en la punta de la lengua la respuesta. ‘Me gustaría saltar contigo. Pero tengo vértigo. ‘ Vértigo de caer y estrellar como cuando los insectos se pierden. Aunque te atrapes, o no atrapes... Se va a escurrir de alguna forma, y desaparecer. ''Sentirte libre y sin pesadillas'' Suena tan utópico como un mundo justo. La resignación es el peor defecto de un alma desatada.
domingo, 22 de julio de 2012
Only One
Las hojas celestinas, caían lentamente por los cielos mientras las distorsiones que tanto le gustaban comenzaban a tomar ritmo, como la melodía más relajante y a la vez estresante. Esa cosquillas en las mejillas que sentía,y que al mismo tiempo combatía; el placer de querer hacer algo con tantas ganas y detenerse. Disfrutando esa sensación que venía y bajaba, como las nauseas que de repente venían de la nada. Su cuerpo lentamente comenzaba a descomponerse, y ella lo sabía.
pero ¿qué importaba?
estaba disfrutando de esa descomposición
domingo, 15 de julio de 2012
nubes
Estelas en cada rama, que terminan enredándose más: hasta perderse en el vacío. En la nada misma, y entonces surgen las nubes... se manifiestan en un desliz un tanto inocuo. Y se mueven, al ritmo del viento; como en la vida real. Claro, una vida real.... y entonces suspiro. Me siento como la gente dice que se sienta, y me pregunto ¿Qué es una vida ''real? Si, Una realidad toma ese sentido cuando se descubre que no es realidad, entonces no se entiende cual es el verdadero del sentido de estar aquí. Y las ganas de perderse mirando el cielo, de vivir mirando el cielo; de ver las estrellas y si, las nubes blancas. Renacen las ideas como los cantos infernales al caer una nueva víctima al precipicio del vórtice, alimentando a las bestias humanas que destripan con amor. Pero entonces... el cerdo aparece como un acto surrealista, y dice 'Oing no se puede, señorita' y las redes del árbol terminan consumiéndose por completo. Siempre terminándose en la nada, como grandes filósofos.
jueves, 12 de julio de 2012
desesperación
Me aferro a la locura.
¿Qué?
¿Y qué? El mundo tan pequeño, tan renacuajo al lado de lo que lo desborda.
Hay veces que caes, y piensas que las cosas son gigantes, que las cosas a tu alrededor son importantes o más importantes; los muebles, tú crees que herida no tiene comparación.
Algo así como cuando piensas que dos más dos es cuatro. Y que nadie podrá contra él.
Los humanos, siempre creyéndonos los grandes gigantes. Creyendo en la verdad irrefutable.
Pero que pasa si te propongo que el universo es tan infinito que nuestra propia galaxia está atrapado en una perdición tan grande que no hay límites como la mente. Y que dentro de esa misma realidad, pueden haber más garrapatas como tú. Uno dentro de otra, así como cuando atrapamos a los peces en peceras y ellos nos ven como un infinito. Detrás dese pedazo de vidrio no hay nada más (según ellos); no hay más vida. El planeta tierra como una esfera, como un vidrio; afuera otros planetas y así consecutivamente de una manera extraña. Algo nos pensó, y por eso estamos aquí, leyendo y escribiendo.
Realmente nosotros somos insignificantes. No creas que eres el único que está ahí, no seas como las hormigas; no seas como la sociedad petulante. (Y tú te preguntaras como excusa barata, de esas ¿quién soy yo para decirte quien ser y no ser?) Déjate de llorar, levántate.
No dejes que esclavicen tu mente, no termines siendo más tormenta dentro de este vaso.
Aunque claramente puedes creer que lo que yo estoy haciendo justamente es eso…
Pero entonces tú decides, si quieres vivir siendo una mierda más en este mundo. Una persona como una pulga, creyendo que el trabajo es la felicidad, que llegamos aquí porque si, que es crecer y vivir dentro de una superficial felicidad, una felicidad que se va cada cinco minutos; momentánea. No, no. Que te sigas comportando como las hormigas, que trabajan y trabajan. Cuando algo se interpone en su trabajo, corre donde la otra para que no la excluyan por dejar de trabajar. Que continúes alabando a tu propia creación como una verdad absoluta. Que sigas destruyendo tu casa, que lentamente te vayas pudriendo con los tóxicos que derrama el conformismo como; las cosas están mejor en nuestro país que el país de al lado. ¡CONFORMISMO! Te dejo invitado a que sigas viviendo sin buscar explicaciones, sin buscar al menos un método de intentar algo nuevo tras dental que podría ayudar a la humanidad. Esta humanidad en donde se aprende más viendo imágenes que pensando, que la omnipotencia de tu mismo par te cubra.
Pero también te dejo la invitación, como una propuesta quizás cliché o noble. Pero al menos está ahí, para que camines (no todo es resultado), e intentes algo nuevo de lo que la masa hace. Pues…
sonríe
¿No sería bonito que la polilla logrará alcanzar la luz sin caer al suelo?
La esperanza es lo único que queda, no recaigas ella en algo que tú mismo creaste como un consuelo ficticio. E intenta, al menos intenta encontrarle el sentido…
Un verdadero sentido, en donde la felicidad no sea momentánea.
Y donde la verdad no sea abstracta.
En donde dejemos de comernos por dentro a nosotros mismo, y en vez de ir a menos uno, comencemos en el cero.
¿Qué?
¿Y qué? El mundo tan pequeño, tan renacuajo al lado de lo que lo desborda.
Hay veces que caes, y piensas que las cosas son gigantes, que las cosas a tu alrededor son importantes o más importantes; los muebles, tú crees que herida no tiene comparación.
Algo así como cuando piensas que dos más dos es cuatro. Y que nadie podrá contra él.
Los humanos, siempre creyéndonos los grandes gigantes. Creyendo en la verdad irrefutable.
Pero que pasa si te propongo que el universo es tan infinito que nuestra propia galaxia está atrapado en una perdición tan grande que no hay límites como la mente. Y que dentro de esa misma realidad, pueden haber más garrapatas como tú. Uno dentro de otra, así como cuando atrapamos a los peces en peceras y ellos nos ven como un infinito. Detrás dese pedazo de vidrio no hay nada más (según ellos); no hay más vida. El planeta tierra como una esfera, como un vidrio; afuera otros planetas y así consecutivamente de una manera extraña. Algo nos pensó, y por eso estamos aquí, leyendo y escribiendo.
Realmente nosotros somos insignificantes. No creas que eres el único que está ahí, no seas como las hormigas; no seas como la sociedad petulante. (Y tú te preguntaras como excusa barata, de esas ¿quién soy yo para decirte quien ser y no ser?) Déjate de llorar, levántate.
No dejes que esclavicen tu mente, no termines siendo más tormenta dentro de este vaso.
Aunque claramente puedes creer que lo que yo estoy haciendo justamente es eso…
Pero entonces tú decides, si quieres vivir siendo una mierda más en este mundo. Una persona como una pulga, creyendo que el trabajo es la felicidad, que llegamos aquí porque si, que es crecer y vivir dentro de una superficial felicidad, una felicidad que se va cada cinco minutos; momentánea. No, no. Que te sigas comportando como las hormigas, que trabajan y trabajan. Cuando algo se interpone en su trabajo, corre donde la otra para que no la excluyan por dejar de trabajar. Que continúes alabando a tu propia creación como una verdad absoluta. Que sigas destruyendo tu casa, que lentamente te vayas pudriendo con los tóxicos que derrama el conformismo como; las cosas están mejor en nuestro país que el país de al lado. ¡CONFORMISMO! Te dejo invitado a que sigas viviendo sin buscar explicaciones, sin buscar al menos un método de intentar algo nuevo tras dental que podría ayudar a la humanidad. Esta humanidad en donde se aprende más viendo imágenes que pensando, que la omnipotencia de tu mismo par te cubra.
Pero también te dejo la invitación, como una propuesta quizás cliché o noble. Pero al menos está ahí, para que camines (no todo es resultado), e intentes algo nuevo de lo que la masa hace. Pues…
sonríe
¿No sería bonito que la polilla logrará alcanzar la luz sin caer al suelo?
La esperanza es lo único que queda, no recaigas ella en algo que tú mismo creaste como un consuelo ficticio. E intenta, al menos intenta encontrarle el sentido…
Un verdadero sentido, en donde la felicidad no sea momentánea.
Y donde la verdad no sea abstracta.
En donde dejemos de comernos por dentro a nosotros mismo, y en vez de ir a menos uno, comencemos en el cero.
sábado, 7 de julio de 2012
2
Cada uno decía su monólogo, fingiendo que escuchaba al otro;
y murió. Se rompieron las palabras, y las luces se apagaron en un cerrar. Y no
quedó nada, ni si quiera los recuerdos negativos, que se suelen guardar cuando
el rencor aparece como si nada. Los años no sirvieron de nada.
Las olas golpeaban las rocas mostrando la profundidad de
ellas, como una respuesta a lo que todos
querían decir, como una respuesta a lo que todos debían decir. Las luces
bajaban, y subían jugando junto a la luna, mientras la arena se moría cada vez
que era pisada con cada pie, uno de ellos… tenía un recuerdo.
Cada grano de arena se iba desvaneciendo con el viento, al
igual como los recuerdos que se iban quemando vivos en aquel paisaje en cero
vertical.
La noche llovía en pétalos luminosos, de a poco el cielo comenzó a caerse a pedazos y de cabeza el grito ahogo del suspiro pequeño.
Sólo era un buen sueño.
La noche llovía en pétalos luminosos, de a poco el cielo comenzó a caerse a pedazos y de cabeza el grito ahogo del suspiro pequeño.
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