miércoles, 25 de julio de 2012
Atrévete
Caer, palabra tan inoportuna. No, mientes. Dejarse caer, es dejarse caer. ¿No? Es golpear cada punto, sentirse como los pájaros en el aire para luego ser arrancados pluma por pluma, como cuando te tiras pelo por pelo del cabello, sintiendo ese tirón en la piel. Comezón de insecto. Desgarrador. La diferencia es que vas a estar arriba cuando te despluman, y no abajo. Mientras intentas dar el paso ante el abismo que sostiene desde la puntita, de atrás viene algo y te arrastra; el chirrido de las uñas contra la mesa son notables. Crujen, y crujen las manillas del reloj a pesar de un destellar de luces. Son tantas voces en la cabeza, y sólo es saltar. Volar. Son susurros cuando tienes en la punta de la lengua la respuesta. ‘Me gustaría saltar contigo. Pero tengo vértigo. ‘ Vértigo de caer y estrellar como cuando los insectos se pierden. Aunque te atrapes, o no atrapes... Se va a escurrir de alguna forma, y desaparecer. ''Sentirte libre y sin pesadillas'' Suena tan utópico como un mundo justo. La resignación es el peor defecto de un alma desatada.
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