¡Cáspitas! ¿Qué es lo que se ve volando ahí? No, no es superman. Gruñeron.
Dolor? Es, no es, es más que una burbuja que sumerge, y hace sentir ajena de la raíz.
Se distorsiona en una putrefacción reversa, provocando que las redes negras de barullo vuelen del tráfago y atrapen desde la puntita de los pies hasta el cuello que muchas veces se uso para girar en grados. Sacándote del pseudo volante. Por eso dicen que tiene una capa, el señor. Se desencajo la pieza del drenaje. Se cierran los ojos buscando ver las manchas que son prueba de la vida misma, y ya no hay colores porque todo se vuelve negro al mirar por detrás de ellos. Se podría decir que ya se perdió la estabilidad de lo bueno y lo no tan bueno? (y digo tan bueno porque ¿Quienes se creen para decir que algo es malo?). No, creo que ya se perdió. Respondieron. Y... Se va desgarrando, como cuando les quitas las alas a las palomas, sólo porque son ratas. Se va perdiendo la razón como las termitas que van consumiendo todo a su paso, comiendo y comiendo.
Tac tac tac,ñañañaña. ¡Ya no hay moral! O acaso quieres Moral con kétchup? Dicen algunos bien bañados en rojo, con las luces del telón sobre sus sonrisa sacadas por una fotografía. Y se cae, la puntita del pie que se solía mirar por la sociedad dormida; solo traía torbellinos tormentosos que jugaban a ser el anarquista. Te dicen que ya no puedes danzar como las bailarinas de ballet sobre la realidad porque el viento te bota al suelo, y el estrellarte esta vez no te va a ayudar. Y así se rompen las ventanas interiores de cada persona, que rodeaba el círculo en dónde se alaba con hojas en los ojos. Lloran sangre, pero sus manos siguen agitándose. Siguen rompiéndose por dentro alimentándose de vidrios molidos en sus gargantas para vivir como sanguijuelas.
Si justamente, con ese mazo, y esa pena que me envuelve cada vez que miro la mesa en dónde solían sentarse dos personas.
Tú te bajaste, yo me baje.
Indispensable mi billetera.
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