La
promiscuidad de la desesperanza
embauca
al óbice renuente
que
penetra en la cenizas,
que
vuelve en el viento
eliminándose
con baños de sangre,
lentamente,
cada
sector....cada palabra...cada momento, cada dolor y en silencio,
se
vuelve un punto reduciéndose a la nada.
Las
tempestades del mar,
caen
gota a gota bailando a un vaivén gozando cada milímetro de odio y rencor
que se
purifica con cada golpe y destrucción.
el
embelesar del viento hacia aquellas esperanzas
traen un
oscuro tic toc de perdició.
¿Ojo por
ojo diente por diente?
Todo
tiene que regresar a 0
para que
las risas no desaparescan en un futuro,
con
calor penetra con ferocidad en la piel,
purificando
las cicatrices.
Brillantes
tempestades
asustan
en el inmenso mar de estrellas,
y la
multitud gritó y proclamó,
mientras
la naturaleza ante aquella música.
sólo
bailaba cantando.
Las
lágrimas del cielo queman y apagan el calor
junto a
la esperanza,
moldeando
los errores cometidos,
esperando
que la lección no haya sido como el viento en el oído,
si no
una penetrante canción.
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