miércoles, 22 de agosto de 2012

En una habitación vacía; las dos.


La locura iba cerrando las heridas, uniendo los hilos de la piel, cicatrizando hasta que llegase a un burbujeante morado de esos ‘’ya paso, sólo queda esperar’’. Ambas sentadas de espaldas, apoyando la cabeza en una a la otra, como si en realidad fuese una sola masa. Dos micrófonos en uno.

-Alejandra, ¿Qué se debe hacer cuando se acaban las palabras?-escupió de su universo interno, con la mirada hacia arriba y los ojos en cero. No podía bajar la mirada, le dolía el cuello de tanto pensar.

-Tengo un vértigo horrible de que eso ocurra algún momento. Pero… ¿Las palabras no son infinitas? Es sólo que hay veces que no son necesarias, pero siempre están ahí de manera invisible. –susurro cabizbaja, tomando su vientre con fuerza. Ardía, había unas hormigas que subían y bajaban, tirando de sus órganos. No, no eran hormigas; eran demonios.

-En algún momento morirán en nuestras bocas…nada es infinito, tú lo has dicho muchas veces.-Espetó apenas Alejandra termino de hablar, en un canto desesperado, como cuando las hojas están a punto de caer del árbol. Levando la zurda, y la llevó a su propia frente tocándose la temperatura; estaba viva.

-La muerte también es invisible, es sólo que… no dejes que las palabras se vuelvan completamente invisibles a tu lengua. Si no hay palabras, es porque no son necesarias. Y cuando eso pase, ya no importará nuestra existencia en esa orbita.-Suspiro con cierto pesar, en su consciencia le cargaba llevar la cicatriz morada. Un peso extra de su cuerpo imperfecto, podía mirar su cabello quemado, y deshidratado. Podía ver sus manos en los huesos, y aún así sentirse gorda. ¿Era producto de la marca? ¿Era producto de su pesimismo? ¿Era producto de la verdad?¿O era producto de una de las realidades que cantaba el gallo de la esquina?

El silencio comenzó a convertirse en neblina para ambas.

- ¿Entonces no hay que aflojar un poco la cuerda?-Preguntó con incertidumbre, mirando  las rocas que estaban en el cielo brillando. Sonrío apenas puesto que sabía a la perfección la respuesta que le daría Alejandra, pero aún así quería escucharla de sus labios, de esa boca que muchas veces le canto al oído el infierno en que vivía y aun así, se aferraba a las mentiras de la sociedad. ‘’Va a sanar’’

-No, Cleopatra. Nunca hagas eso, todo se va… las palabras se irán, quizás mueran, quizás sean invisible, pero de alguna forma estarán. Puesto que la muerte no significa completamente desaparecer. Así que en realidad, todo es inútil. ¿Nunca te han dado ganas de quemarte? ¿De tomar pastillas?  ¿De morir de una vez por todas? Bueno, siento que aunque hagamos eso, nunca vamos a desaparecer por completo-

-¡Todo es una mierda!- Resopló, y refunfuño ya más calmada ante el temor de que las palabras se acabaran algún día entre ellas dos.

-Si, es el castigo divino de ser alguien que piensa y siente.-

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