La locura iba cerrando las heridas, uniendo los hilos de la
piel, cicatrizando hasta que llegase a un burbujeante morado de esos ‘’ya paso, sólo queda esperar’’. Ambas
sentadas de espaldas, apoyando la cabeza en una a la otra, como si en realidad
fuese una sola masa. Dos micrófonos en uno.
-Alejandra, ¿Qué se debe hacer cuando se acaban las
palabras?-escupió de su universo interno, con la mirada hacia arriba y los ojos
en cero. No podía bajar la mirada, le dolía el cuello de tanto pensar.
-Tengo un vértigo horrible de que eso ocurra algún momento.
Pero… ¿Las palabras no son infinitas? Es sólo que hay veces que no son
necesarias, pero siempre están ahí de manera invisible. –susurro cabizbaja, tomando su vientre con fuerza. Ardía,
había unas hormigas que subían y bajaban, tirando de sus órganos. No, no eran
hormigas; eran demonios.
-En algún momento morirán en nuestras bocas…nada es infinito,
tú lo has dicho muchas veces.-Espetó apenas Alejandra termino de hablar, en un
canto desesperado, como cuando las hojas están a punto de caer del árbol.
Levando la zurda, y la llevó a su propia frente tocándose la temperatura;
estaba viva.
-La muerte también es invisible, es sólo que… no dejes que
las palabras se vuelvan completamente invisibles a tu lengua. Si no hay palabras,
es porque no son necesarias. Y cuando eso pase, ya no importará nuestra
existencia en esa orbita.-Suspiro con cierto pesar, en su consciencia le cargaba
llevar la cicatriz morada. Un peso extra de su cuerpo imperfecto, podía mirar
su cabello quemado, y deshidratado. Podía ver sus manos en los huesos, y aún
así sentirse gorda. ¿Era producto de la marca? ¿Era producto de su pesimismo?
¿Era producto de la verdad?¿O era producto de una de las realidades que cantaba
el gallo de la esquina?
El silencio comenzó a convertirse en neblina para ambas.
- ¿Entonces no hay que aflojar un poco la cuerda?-Preguntó con
incertidumbre, mirando las rocas que
estaban en el cielo brillando. Sonrío apenas puesto que sabía a la perfección
la respuesta que le daría Alejandra, pero aún así quería escucharla de sus
labios, de esa boca que muchas veces le canto al oído el infierno en que vivía
y aun así, se aferraba a las mentiras de la sociedad. ‘’Va a sanar’’
-No, Cleopatra. Nunca hagas eso, todo se va… las palabras se
irán, quizás mueran, quizás sean invisible, pero de alguna forma estarán.
Puesto que la muerte no significa completamente desaparecer. Así que en
realidad, todo es inútil. ¿Nunca te han dado ganas de quemarte? ¿De tomar
pastillas? ¿De morir de una vez por todas? Bueno, siento que aunque hagamos eso,
nunca vamos a desaparecer por completo-
-¡Todo es una mierda!- Resopló, y refunfuño ya más calmada
ante el temor de que las palabras se acabaran algún día entre ellas dos.
-Si, es el castigo divino de ser alguien que piensa y siente.-
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