Alejandra estaba pensando, como todos los años, como cada
día, hora, minuto y segundo de su vida. Era normal que automáticamente se golpeara
(en su consciente). Pero había un detalle, de esos detalles que marcan a las
personas, del tamaño de la felicidad de un mortal optimista sólo que el caso era lo contrario, pues se
hablaba de Alejandra.
Era un domingo, el día perfecto para suicidarse como lo había leído en una novela por ahí de los tantos libros que tenía su madre guardado en la estantería, quién amaba la lectura pero pese a eso no sabía utilizarla. (Alejandra creía que ella solamente leía por matar el tiempo) Sabía que era su día, y las ganas estaban sobre los “quizás” que la atormentaban, y sin pensarlo más tomó una pluma. En acto seguido comenzó a rayar la sábana de su cama en color azul.
Era un domingo, el día perfecto para suicidarse como lo había leído en una novela por ahí de los tantos libros que tenía su madre guardado en la estantería, quién amaba la lectura pero pese a eso no sabía utilizarla. (Alejandra creía que ella solamente leía por matar el tiempo) Sabía que era su día, y las ganas estaban sobre los “quizás” que la atormentaban, y sin pensarlo más tomó una pluma. En acto seguido comenzó a rayar la sábana de su cama en color azul.
LAS LETRAS IBAN UNA
POR UNA, al efecto domino:
“Me gustaría poder decir, gracias. Pero siento que si lo hago, perderé lo que hay hubo tengo tendré. Será como decir con sonrisa tonta: “gracias a todos por observar este show, ahora pueden retirarse”. Y yo miraré el circo de las distorsiones como inocente retardada de mi propio suicidio y esperaré. Quizás ¿quién se queda? Quizás simplemente un nadie. Pero el maldito juego de la incertidumbre nos tiene como acróbatas, peligrando desde una cuerda. Las balanzas de las treguas renuentes que aparecen sobre mis dos llaves en el rostro oscuro-iluminado se burlan (Si, otra vez un contraste). Incertidumbre que me tiene atrapada en la jaula de esta realidad. A veces quisiera ser más que un pájaro, más que un ratón, más que un insecto, más que un humano. Algo más allá de esto que llamamos tierra -y que me deprime.- Y algún día diré -en serio-”gracias”, pero cuando lo haga. Se habrá acabado todo. Tomaré la decisión más egoísta, más repudiada por la moral; y seré completamente libre de este cuerpo inútil. Pero la incertidumbre nunca me abandonará… quién sabe que hay después de esto. O por la mierda, quizás si me abandone... de todas formas ¿Quién soy yo para saberlo? “
Cuando termino pensó en una canción triste, no cualquiera, una que tal vez la letra no tuviese sentido con lo que estaba pasando justo en ese preciso momento, pero que la música expresará el maldito refinamiento ante la muerte. Así era aún más sin sentido, como todos los humanos que habitaban en el planeta.
“Me gustaría poder decir, gracias. Pero siento que si lo hago, perderé lo que hay hubo tengo tendré. Será como decir con sonrisa tonta: “gracias a todos por observar este show, ahora pueden retirarse”. Y yo miraré el circo de las distorsiones como inocente retardada de mi propio suicidio y esperaré. Quizás ¿quién se queda? Quizás simplemente un nadie. Pero el maldito juego de la incertidumbre nos tiene como acróbatas, peligrando desde una cuerda. Las balanzas de las treguas renuentes que aparecen sobre mis dos llaves en el rostro oscuro-iluminado se burlan (Si, otra vez un contraste). Incertidumbre que me tiene atrapada en la jaula de esta realidad. A veces quisiera ser más que un pájaro, más que un ratón, más que un insecto, más que un humano. Algo más allá de esto que llamamos tierra -y que me deprime.- Y algún día diré -en serio-”gracias”, pero cuando lo haga. Se habrá acabado todo. Tomaré la decisión más egoísta, más repudiada por la moral; y seré completamente libre de este cuerpo inútil. Pero la incertidumbre nunca me abandonará… quién sabe que hay después de esto. O por la mierda, quizás si me abandone... de todas formas ¿Quién soy yo para saberlo? “
Cuando termino pensó en una canción triste, no cualquiera, una que tal vez la letra no tuviese sentido con lo que estaba pasando justo en ese preciso momento, pero que la música expresará el maldito refinamiento ante la muerte. Así era aún más sin sentido, como todos los humanos que habitaban en el planeta.
Y mientras pensaba
que estaba a punto de morir, recordó de golpe esos F L A
S H B A C K que atormenta
renuentemente a la gente con vida.
-¿Qué es lo que más te llama la atención de la muerte? –preguntó
curioso una sombra oscura que lentamente se acentuaba en los recuerdos que iban
apareciendo en zigzag.
-Que por fin podre ser libre…-susurró débil. Como si no
estuviese segura de ello, y la imagen se estuviese difuminando de a poco.
-Sabes perfectamente que no puedes ser libre. Hm, Alita.
¿Por qué le temes a las cosas grandes y no a la muerte?- Pregunto desenfocado,
con lentes, cabello semi largo. No podía recordar su rostro, pero si su esencia:
un niño.
Comenzó la entrevista en su cabeza.
-Te imaginas… ¿Morir en el mar? O ¿En
un desierto? Y realmente… bueno, tu sabes no creo en esas cosas. Pero y ¿Si
pasa? Las probabilidades siempre están, es aterrador. Me da miedo quedar atrapada de por vida.
Quiero morir de forma especial, quizás en mi cama acostada, quizás que me
aviente un auto cuando estoy cruzando la calle, de un ataque al corazón, o
simplemente que el sol explote y la humanidad se extinga. ¿No sería fabuloso?
Acabar con la mierda de una. –
-No veo nada de
especial… en eso.-protestó.
-Para mí es especial, la gente que muere de esa forma es
especial.- Respondió un poco alterada ante el arrebato que escuchaba.
-Entonces, según tu… todos somos especiales. Bajo esa
perspectiva, creo que estas suprimiéndote demasiado. No puedo verlo de esa
forma…-
-Cada persona es especial, siempre hay gente especialmente
mierda, una más que otra. Aparte cual es esa puta necesidad de morir en algo
grande o como un grande, si después de todo eso no cambiara lo mierda que es
nuestra raza.-
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