martes, 12 de marzo de 2013


Era inevitable.  Cuando escuchaba a los demás, su mente se reducía a los infiernos que se habían tejido entre líneas; la unión estaba hecha entre ellos.  Y sabía a la perfección que no había vuelta atrás.  Los saunas interiores que causaban un efecto explosivo entre sofocación y placer  de cada personaje daban volteretas alrededor de ella, estaba en el sillón intentando no irse lejos en el universo que tenía en la cabeza pero  el motor de la nave espacial comenzaba a crear el barullo del que tanto escapaba: ¿Hasta qué punto puede consumirte el vórtice ajeno?  Temía, y su pierna acelerada la delataba.  Impulsos nerviosos, impulsos cerebrales. Ella tenía ciertos puntos  que descuartizaba lentamente en su mente.  La duda pese a mostrarse profunda, tenía  ciertos rasgos de superficialidad que se intentaban aclarar a la fuerza para sentirse segura.  Pero, ¡Era imposible!  Ella veía que en cada punto de su vida se acobardaba y huía por un egoísmo innecesario,  siempre corría de las manos que le ofrecían ayuda, cariño. Y ahora estaba corriendo de un paso que podía guiarla a la inestabilidad que tanto amaba. Se sentía atrapada por las confusiones de las funciones que se presentaban en esos mismos momentos a sus pupilas,  no era fácil aceptar el repentino cambio de las posibilidades. Tener la posibilidad de ir a un Manantial,  es  completamente fuerte y repulsivo a tener la opción de aceptar un Infierno. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario