viernes, 15 de febrero de 2013
Fragmento
(Creo que un buen título para esto sería lanzando mierda a una canción de Francisca Valenzuela):
Quemando las montañas, sacudiendo los ojos que se van despojando lentamente de uno. Como cuando se van cayendo la pintura de las paredes con el tiempo. Así mismo se sentía en una metáfora, y con gracia (o al menos lo intentaba) él escuchaba la frase de una canción que decía "Soy tan afortunada de tener una segunda piel para recorrer". Un aullido fue necesario para expresar la nefasta realidad, sonrío con sarcasmo mientras rodaba los ojos intentando en el fondo dejarlos en blanco acoplado a su mente, pero el sonido sonaba hueco, egoísta, ¡cruel! Retumbaba el gotero en sus oídos. No necesito más tortura, todo estaba muerto.
Enterró las garras en su cuerpo, se saco toda la piel de golpe.
Eso si, lo pensó bastante antes de hacer aquella hazaña y se le dice hazaña porque había logrado quitarse del camino de un egoísmo que lo estaba pudriendo en su interior, pese que su acto también era un egoísmo puro. Sangraba como nunca, y ardía como nunca. Pero lo valía, puesto que estaba cansado de ser el juguete, la víctima del verdugo como diría Baudelaire. Y ahí se cuestionaba el hecho del concepto "amor" que manejaba su círculo. ¿La existencia del verdugo vale más que la propia? Ser la supuesta piel pero, ¿Cuando a ella se le diera la gana recorrer? ¿Eso realmente es dar amor? Si bien la existencia no explicaba nada, tampoco era una razón para ser algo similar a un esclavo. Pues al llegar a la lógica de la nada, algo de libertad quedaba en sus acciones. Y entonces, se baño en gasolina y quemó la piel como respuesta, mientras el sonido del piano continuaba torturando la habitación.
Dejo que las cenizas golpearan el rostro del payaso, que cantaba la canción junto a la ventana. Francamente, él pudo a ver lanzado la piel ensangrentada en su rostro. Romper la moral, llegar a ella, y lanzarsela con sangre incluida. Y por el único deseo de hacerla sentir alguna vez en su miserable lugar. Y por fin decirle, ahí tienes la jodida piel para recorrer, puta.
Pero no lo hizo, porque usaría el control lógico animal que los humanos llamamos cerebro. ¿Canciones de amor? Son canciones egoístas. El amor si es que existe, es una mera fantasía, egoísta, que alimenta el ego a las mujeres de la actualidad. Nos condenamos a estar obligados a ello, por la necesidad de aferrarnos algo para hacer de pequeñas cosas la respuesta de un existir pleno. Y ella... se decía ¿Afortunada? pues él se sentía desdichado de estar condenado, se sentía algo similar a un fanático religioso. Como cuando no crees en Dios, pero con el simple hecho de insultarlo te da miedo, pavor, y no es porque creas, si no más bien porque tu mente fue sometida a eso. La diferencia era grande,esta vez podía acabar con su condena. El no quería depender de alguien para "ser", si ella lo quería así: pues ahí tenía las cenizas de su piel.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario